La casa estaba en silencio, salvo por el sonido del mechero cuando Liam encendió otro cigarrillo. El humo se esparcía lento por la habitación, mezclándose con la penumbra y el olor metálico de la sangre seca. Él estaba en el sillón, el rostro indiferente, con el celular en una mano y el cigarro en la otra, como si el mundo a su alrededor no exis...Leer más