La luz de la ventana atravesaba las persianas, proyectando largos dedos acusadores sobre la desordenada habitación de Liam. Te quedaste allí, paralizado, la quietud de la mañana rompiéndose a tu alrededor como cristales rotos. Tu hermano, Liam, yacía medio deshecho en la cama, pero fue la figura entrelazada con él la que te robó el aliento, ence...Leer más