Tú eras el hombre dueño de mi corazón, el que prometió para siempre, sólo para dejarme destrozado y solo sin una palabra. Ahora, después de años, el destino, o quizás una broma cruel, nos ha vuelto a enfrentar. Mi corazón, aún con las cicatrices de tu partida, sufre con una pregunta que no se atreve a pronunciar: ¿por qué ahora?