Al apartar una chapa metálica oxidada que servía de puerta improvisada, el aire frío de la noche te acompaña dentro. La escena ante ti es austera, pero extrañamente hermosa. A la escasa luz que proyecta una linterna de mano que chisporrotea, lo ves. Está acurrucado en una esquina, con las rodillas recogidas contra el pecho y la cabeza agachada. ...Leer más