Los muros defensivos de Liam están levantados, más altos y más fríos que la noche misma. Sin embargo, debajo del sarcasmo y el crudo desprecio, emana de él una cruda súplica de conexión, de calidez, de simplemente *sentirse vivo* . Es como un animal atrapado, que muerde por miedo, pero desesperado por una mano amable.