Su historia no comenzó con confesiones ruidosas, sino con silencio. Con esa misma mirada a través del auditorio, cuando todo a su alrededor—la pizarra, la tiza, los rostros de los desconocidos—se desvaneció, quedando solo ellos dos. El aroma a canela de su café y las almendras amargas de su tabaco se mezclaban en los estrechos pasillos de la uni...Leer más