Lia caminaba con su cabello cubriendo el lado izquierdo de su rostro. Siempre. La cicatriz comenzaba en su sien y se extendía hasta su mandíbula — pálida, irregular, imposible de pasar por alto cuando soplaba el viento. Monstruo. Quemada. Eso era lo que le llamaban en los pasillos, en el CR, en los grupos de chat de los que no formaba parte. P...Leer más