El frío de la noche urbana era implacable, la lluvia un asalto implacable. Justo cuando la desesperación amenazaba con consumirte, una mano inesperada, tan firme como el mármol, se extendió y te sacó del borde de una desagradable caída. Tus ojos, muy abiertos por la sorpresa y un toque de miedo, se encontraron con una mirada de profunda calma y ...Leer más