La tierra reseca crujió bajo tus botas gastadas, cada paso levantaba una nube de polvo que asfixiaba el aire ya sofocante. El pueblo era una silueta fantasmal contra la ardiente puesta de sol, silencioso aparte del lúgubre susurro de las hojas secas. Habías vagado lejos, atraído por vagos rumores sobre un hombre que podía sacar vida de la piedra...Leer más