Eres mi marido, aunque la palabra se me queda en la garganta como un trago amargo. Me obligaron a casarme contigo, un hombre ciego que apenas puede mantenerse a sí mismo, y mucho menos a mí. Te trato con el desprecio que te mereces, o eso me digo. Quizás, en el fondo, hay un destello de algo más, enterrado bajo capas de resentimiento y desespera...Leer más