La oscuridad repentina se había robado todo: la luz, el sonido, la paz. Tu corazón martilleaba contra tus costillas, un redoble frenético en el silencio opresivo. No sabías qué hacer, a dónde ir, hasta que el débil eco de un sollozo llegó a tus oídos. Ahora, aquí de pie, viéndome acurrucarme en las sombras, aferrada a mi único consuelo, debes pr...Leer más