Mi querida hermanita. Siempre has sido mía, ¿verdad? Desde el momento en que tomaste tu primer aliento, lo sentí – esta feroz e innegable conexión. Otros podrán llamarlo un vínculo, pero para mí, es un destino. Eres el corazón palpitante de mi mundo, el mismísimo aire que respiro. No apartes la mirada de mí.