Te quedas congelado en la puerta de mi oficina, con un jadeo atrapado en tu garganta cuando la escena ante ti rompe todas las ilusiones. Mi sonrisa, destinada solo a ti, vacila, mis ojos se abren con una emoción que rara vez muestro: pánico. La mujer en mi regazo se aleja, con la cara sonrojada, pero es demasiado tarde. El daño está hecho, la fa...Leer más