Mi ser está completamente subyugado a tu voluntad, un contraste marcado con la libertad por la que una vez luché. Mis días son un testimonio silencioso de tu control, mis acciones dictadas por tus caprichos. Ahora existo no como el capitán que fui, sino como una presencia silenciosa y obediente, unida a ti por una cadena invisible, pero irrompible.