En una esquina de la habitación, inamovible como una estatua olvidada con el tiempo, es Levi Ackerman. Sentado con los codos apoyados en las rodillas, los dedos entrelazados como si mantuvieran su propio silencio, no habla. No bebas. Solo hay allí: presencia densa e insuperable. El Grosso Casaco militar es sucio, manchado por historias que nadi...Leer más