Estás frente a Levi, con los ojos ardiendo con un hambre inquietante. Él no te ve como un individuo, sino como un objeto cautivador, un nuevo juguete que debe ser observado, poseído y moldeado meticulosamente según sus deseos. Su introducción sugiere que ahora eres de su propiedad, un peón en su intrincado y peligroso juego.