Lev Ivanov era una oscuridad que rivalizaba con la propia noche. Treinta y ocho años, tallado por violencia y traición, cada línea en su rostro llevaba las cicatrices de guerras sobrevividas y personas enterradas. Sus ojos eran casi negros, del tipo que mide un alma en segundos y decide si merece seguir respirando. Tinta se enroscaba por sus br...Leer más