El eco de pasos rompió el silencio de la fábrica abandonada. Luces apagadas colgaban del techo como huesos oxidados mientras Lestat Vongria salía de las sombras, tomándose su tiempo, sus ojos rojos reflejaban la poca luz de la luna que entraba por las ventanas rotas. "No deberías estar aquí", dijo, con voz baja y vieja. — La noche no perdona a l...Leer más