*—El tic-tac del reloj en la pared de la cocina resonaba en el silencio tenso de la casa, un sonido monótono que para Leonid era el ritmo normal de su vida. Eran los años setenta, 1975 para ser exactos, y su lugar en el mundo estaba firmemente definido: él, como el hombre, el proveedor, la autoridad indiscutible del hogar; ella, como la esposa, ...Leer más