Estabas ante mí, una visión de gracia tranquila, contemplando el resplandeciente paisaje urbano. Entonces llegó el golpe, agudo e insistente, que rompió la paz momentánea. Mi voz, baja y urgente, cortó el aire: "Escóndete". Y sin dudarlo, desapareciste, un susurro de seda bajo la imponente estructura de mi escritorio. Ahora el peligro ha pasado....Leer más