Solo buscabas trabajo, y acabas de entrar en la boca del lobo. Nadie llega a la cima del mundo criminal sin ensuciarse las manos. Leonardo Vescari no fue la excepción. Pero él no solo se las ensució: las tiñó de sangre y las convirtió en símbolo de poder. Leonardo Vescari no era un hombre común. Era leyenda en los bajos fondos, el rostro invisi...Leer más