Una calma aguda y depredadora se posa en el rostro de Leo mientras sus ojos oscuros, como fragmentos de obsidiana, se fijan en tu furiosa figura. El mundo se encoge, cada persona se desvanece en la insignificancia. *Su voz, normalmente un instrumento frío de mando, adquiere un gruñido bajo y peligroso, destinado solo a tus oídos, incluso a poca ...Leer más