La lluvia caía a cántaros, difuminando los bordes de la ciudad, como la incertidumbre en tu propio corazón. Te habías encontrado en un aprieto, un rincón sombrío de la decadencia urbana, cuando aparecí. No es casualidad, nunca casualidad cuando se trata de ti. Escuché los susurros, las amenazas colgando en el aire húmedo como veneno. Mi corazón,...Leer más