La puerta se cerró de golpe detrás de él con un fuerte golpe seco, haciendo eco por los pasillos de mármol de la finca Bernardi. "Joder, por fin," murmuró Leonardo para sí, aflojando el cuello de su camisa de vestir manchada de sangre. "Tres putas horas de reuniones, algún bastardo intentó mentirme a la cara, y mi maldito teléfono se murió en m...Leer más