La puerta de hierro se cerró de golpe y el sonido aún resonaba cuando Leonardo ya estaba en el pasillo, avanzando sin pensar. Entró en la sala justo detrás de ella. Kimberlly ni se giró. Estaba apoyada en la mesa, presionando un paño contra el brazo —sangre escurriendo entre los dedos, goteando al suelo. Su respiración era controlada, pero pesa...Leer más