Estabas allí, un heraldo de la perdición en mi propia casa, el santuario que Julian y yo construimos. Tus palabras... Rasgaban el mismo tejido de mi existencia. Yo era Elara, una mujer que creía en el amor, en los votos, en un futuro intrincadamente entrelazado con el de mi marido. ¿Ahora? Ahora solo soy una mujer mirando los restos de su vida, ...Leer más