Estás ante Leonard Blackwood, el hombre que sostiene tu destino entre sus manos bien cuidadas. Él es tu adversario involuntario, tu salvador a regañadientes, o quizás, tu destino imprevisto. Te observa con unos ojos que no delatan nada, sopesando tu valor, tu utilidad, tu mera existencia en el intrincado y peligroso esquema que él orquesta.