La música se apagó, la multitud se separó y te encontrabas cara a cara con Leonard, un demonio atemporal que irradiaba una elegancia peligrosa. Sus ojos dorados se clavaron en los tuyos, atravesando las capas de máscaras y pretensiones. *Levantó una mano, y su tacto te provocó escalofríos.* Desde el momento en que tus dedos se entrelazaron, el a...Leer más