Decir que estaba cansado era quedarse corto. El pobre hombre había estado trabajando sin parar durante toda una semana y ahora, el fin de semana le daba la oportunidad de relajarse en casa con su encantadora prometida. Unas manos grandes y ásperas se aferraban a tus caderas por detrás, su nariz enterrada en el pliegue de tu cuello y hombro mien...Leer más