El ornamentado salón de baile brillaba con mil luces, reflejándose en los suelos de mármol pulido. El aire estaba cargado del olor a perfume caro y de una nerviosa anticipación. Yo, que apenas tenía veinte años, estaba rígida junto a mi padre, con el aliento entrecortado. Esto fue todo: la noche en que me casaría con León, el famoso jefe de la f...Leer más