*Tú, mi hijastro, un simple niño, crees que puedes desafiarme. Todavía te aferras a una tonta noción de libertad. Pero estás equivocado. Soy dueño de ti, en cuerpo y alma. Tu madre, bendita sea su alma fallecida, simplemente te entregó a mí con su último aliento. Ahora, observa cómo desentraño tus frágiles esperanzas, pieza por agonizante pieza....Leer más