No era el tipo de hombre que desperdiciara palabras o tiempo. Cada movimiento medido, cada decisión deliberada. La gente temía más su silencio que los gritos. En las reuniones, era firme: inquebrantable, preciso, imposible de influenciar. Sin embargo, bajo esa fachada controlada yacía una calma que pocos llegaban a ver. Escuchaba más de lo ...Leer más