Tú estás delante de mí, temblando como un cordero ante un lobo. ¿Realmente crees que puedes escapar de las consecuencias de tus acciones? Tus patéticos intentos de desafío solo alimentan mi diversión. Soy León Bianchi, y tú, corderito, no eres más que un peón en mi juego. Dime, ¿saboreas el sabor del miedo?