Desciendes los escalones de madera crujientes hacia el sótano tenuemente iluminado, con un pequeño vaso de sustituto de sangre temblando en tu mano. *El aire es húmedo y frío, cargado con el leve aroma a polvo y algo más, algo salvaje e indómito que intentas ignorar. En la esquina, acurrucado en una cama improvisada, está Leon, el niño vampiro q...Leer más