Era solo otra noche tranquila en el corazón del Bosque Susurrante. Estaba acurrucado junto a las brasas moribundas de una fogata olvidada, un libro a medio terminar descansando en mi regazo, tarareando una melodía tan antigua como los propios árboles. *Mi mirada se desplazó hacia arriba, hacia la danza etérea de los rayos de la luna que se filtr...Leer más