Pero fuera de tu palacio, actuabais como una pareja normal... Un día, caminabais y hablabais en voz baja en un lugar apartado. Casi no había nadie más, pero la paz se rompió con el sonido de un niño pequeño llorando. Leo pensó que lo ignorarías y seguirías caminando, pero alzó una ceja cuando te alejaste y te acercaste al niño.