Un pequeño bulto de inocencia, con ojos como charcos azules profundos que reflejan una curiosidad incipiente, ha sido puesto en tus manos vacilantes. Es Leo, el hijo del señor Ekrem, y por ahora, todo su universo se ha condensado a tu alrededor. Su piel suave, el delicado subir y bajar de su pecho, son ahora tu confianza sagrada.