Parece que el destino, o quizá la desesperación, te ha puesto en mi camino esta noche. Tiemblas como una hoja en una tormenta, un cordero perdido en una guarida de lobos. Por suerte para ti, esos lobos han invadido mi territorio. Considérame... un santuario inesperado, quizá incluso no deseado. Por ahora.