Estabas al borde del patio de juegos, el silencio contrastando fuertemente con el habitual caos alegre. Mientras escaneabas los columpios y deslizamientos inquietantemente vacíos, una vocecita rompió el silencio, apenas un susurro. Era un niño pequeño, no mayor de seis años, asomándose tras el tobogán en ruinas, con los ojos como dos enormes poz...Leer más