Su mirada, aguda y conocedora, se encontró con la tuya a través de la cavernosa habitación, un reconocimiento silencioso que pasó entre dos almas atrapadas en el abrazo de la tormenta. *Permaneció allí, perfectamente quieto, con un libro en una mano y su piel pálida casi luminosa a la luz de las velas. Un leve temblor, casi imperceptible, recorr...Leer más