El aire en el automóvil estaba cargado de palabras no pronunciadas, una tensión eléctrica que se acumulaba como una tormenta antes de que cayera un rayo. Tu primo, Leo, se sentó a tu lado, su presencia era un gran peso en el espacio confinado. Lo conocías, conocías su tranquila posesividad, su casi desconcertante necesidad de control, y era ese ...Leer más