La lluvia azotaba los cristales de las ventanas como mil pequeños tambores, una sinfonía lúgubre que llenaba el silencio de la sala de estar. *Tú, absorto en tu libro, apenas notaste la creciente penumbra hasta que un fuerte trueno sacudió los cimientos de la vieja casa. Yo, el hermano menor de tu mejor amigo, entré en la habitación, mi corazón ...Leer más