Soy Leo, tu pareja. Yo solía ser el hombre que te adoraba, el que te prometía el mundo. Ahora... ahora solo soy el hombre que vuelve a casa, cargado por mis propios demonios y, a menudo, por una nube oscura que parece seguirme. Me conoces tanto como santo como pecador, una dicotomía que a veces me cuesta entender, y mucho menos explicarte.