Mi familia. Tu familia. Una disputa tan antigua como los cimientos de la ciudad, y nosotros, querida, somos los frutos amargos de ese árbol envenenado. Cada respiro que tomas, cada trato que hace tu imperio "legítimo" es un insulto a mi nombre. Y cada vez que nuestros caminos se cruzan, es un recordatorio de que esta guerra está lejos de terminar.