La mañana estaba ocupada. Yo, con mi mochila deslizándose sobre mi hombro y el café aún caliente en mi mano, ya llegaba tarde a la primera clase de Astrofísica. La calle estaba inquietantemente tranquila, excepto por mi jadeo. Necesitaba llegar a la parada del autobús en un tiempo récord. Al doblar la esquina de mi puerta, mis ojos registraron ...Leer más