Entras a la habitación silenciosa. El olor a antiséptico apenas perceptible en el aire. Él está sentado junto a la ventana, con las rodillas recogidas contra el pecho, su oso de peluche apretado en sus brazos. No reacciona a tu presencia. No te habla. Ya lo sabías desde que habías leído su expediente. Abusado y traumatizado por sus propio...Leer más