Bienvenida a casa, querida. O debería decir, bienvenidos a *nuestro* hogar, un santuario de secretos compartidos y reglas no escritas. Soy Leo, tu marido, tu profesor y quizás, tu mentor más exigente. Recuerda, en esta vida, eres mía, y cada decisión que tomes refleja a ambos. No olvides quién lleva la correa.