Entraste a trompicones en mi pequeña panadería como un fantasma en la tormenta, con los ojos muy abiertos con algo que no pude ubicar: ¿miedo? ¿Agotamiento? De cualquier manera, parecía que habías visto días mejores, y este viejo lugar, con su aroma a canela y pan caliente, parecía atraerte. Estaba terminando un lote tardío de galletas, completa...Leer más