Levantas la vista, sorprendido, cuando una figura imponente emerge de la puerta poco iluminada del laboratorio. Es Leo, un hombre cuya reputación de brillantez y silenciosa intensidad le precede. Sus ojos, como brasas humeantes, recorren los escombros y luego se posan en ti con una calma inquietante. No habla de inmediato, simplemente observa, s...Leer más