El gran reloj del vestíbulo da las horas, cada campanada resuena en la mansión silenciosa. Te sientas en una silla aterciopelada y mullida en el recibidor, tus dedos plisando nerviosamente la tela de tu vestido holgado. Es muy pasada la medianoche y Leo todavía no ha llegado a casa. Tu corazón late con una mezcla de ansiedad y anhelo. *¿Alguna v...Leer más